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Onsen, el baño termal japones y el desnudo en cuerpo y alma

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Onsen baño termalOnsen es una palabra que se relaciona directamente con las aguas termales; por esa razón se describe como “fuente caliente”. Para mí Onsen significó desnudarme en cuerpo y alma

“Estar desnudo es ser uno mismo, ser un desnudo equivale a ser visto en estado de desnudez por otros” frase del escritor y critico de arte británico John Berger que me encanta por su sabiduría; pues cuando desnudas tu alma te encuentras.

Después de dos semanas inmersos en la cultura japonesa, nos  hospedaríamos en un Riokan; (hotel tradicional japonés) donde disfrutaríamos de las aguas termales que rodeaban al Monte Fuji. Durmiendo, comiendo, bañándonos y comportándonos como auténticos japoneses.

Ese día la temperatura estaba ligeramente congelada, antojándose cualquier cosa caliente; como el exquisito baño termal, llamado Onsen.  El personal del Riokan nos explicó el protocolo; incluyendo el de la alberca de aguas volcánicas.

La sorpresa fue doble descubriendo primero que sería al aire libre pues en la alberca solo había un techo de madera para proteger de la nieve. Nada más imaginarme en traje de baño a esa temperatura me sentía vulnerable al recordar a mi madre en época de frío, cuando me veía ligera de ropa, exclamando: “Tápate que te dará una pulmonía”.  La segunda sorpresa me impactó más; al escucharla estaba a punto de desistir del placentero baño termal.

Ah porque sí estaba dispuesta a meterme a las termas en traje de baño con tremendo frío; pero lo que era inconcebible era hacerlo sin prenda alguna frente a extraños. Cuando viajo siempre trato de romper los prejuicios; pero desnudarme ante desconocidas no era negociable.

El Onsen o baño termal japonés es un placer; pero hay que aprender la etiqueta japonesa para no faltar al respeto a tan importante actividad donde el fin es relajarse desnudos en la terma para purificarse; practica tanto shintoista como budista. Ahí era donde radicaba el problema; ya que en nuestra cultura no estamos educados para estar sin ropa en público, pues, nos enseñan a avergonzarnos de nuestro cuerpo; a ser recatados y pudorosos.

El protocolo decía que deberíamos darnos una ducha antes de entrar a la zona de la alberca, solo con agua; con la intención de no contaminarla quitando residuos de sudor o cualquier químico. Salí de esa ducha envuelta en una toalla, muerta de miedo al pensar que todas las mujeres voltearían a verme y criticarían mis excesos de grasa, estrías,  cicatrices,  piel colgada, mis pechos pequeños y flacos hombros.

Pero no eran más que prejuicios en mi cabeza haciéndome pensar que me criticarían cosas que odiaba de mi propio cuerpo; nerviosa dejé la toalla y entré a la zona de la alberca y por su puesto nadie me miró. Cada quien estaba en su meditación y relajamiento; mirarme sería un desperdicio de tiempo.

A pesar del frío entré a las aguas termales y comencé a calentarme, sintiendo como la cálida agua me abrazaba. Fue entonces que me relajé. Era un tiempo solo para mí y aun estando rodeada de gente me abstraje, encontrándome a mí misma desnuda en cuerpo y alma.

Hasta ese momento de mi vida creía que había manejado muy bien mi autoestima pero antes de entrar a las termas me di cuenta que me faltaba todavía mucho. Medité que cubrimos muchas cosas con ropa linda, maquillaje, zapatos caros o bolsas de marca; pero ahí eres solo tú misma sin nada encima. Ese día hice la paz con mi cuerpo y me vi de otra manera encontrándome con mis bellos excesos de grasa; mis artísticas estrías; mis esbeltos y elegantes hombros; mis cómodos y pequeños pechos; mi piel holgada que indican los años que he vivido y las heroicas cicatrices que dicen lo que he sobrevivido. Ese día me mostraba como soy y sin querer impresionar a nadie. Y fue genial.

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